UNA CIUDAD SIN TIEMPO
Lo
que fascina de Pompeya y que desde el aspecto histórico y artístico
hace de esta ciudad un lugar único en el mundo, es la posibilidad
de poder reconstruir progresivamente a lo largo de las calles enlosadas
de basalto lávico, la vida cotidiana de los habitantes de una ciudad
que un evento catastrófico como la erupción hizo inmortal.
El corazón de la vida de la ciudad, el centro de todas las actividades
económicas, comerciales, políticas, y el punto de encuentro
más importante , la "plaza" de los habitantes de Pompeya
era el Foro. En este vasto espacio, ceñido con una doble columnata
y decorado con estatuas de bronce y mármol, de las cuales quedan
los pedestales, estaban emplazados los principales edificios públicos.
Desde la Basílica donde se administraba justicia, las sedes de los
diunviros, decuriones y de los ediles que gobernaban la ciudad, el comitium
donde los magistrados votaban, hasta el Templo itálico de Jove, que
junto con el de Apolo y con muchos otros edificios sacros dedicados a diferentes
divinidades que existían en la ciudad, testimoniaban el culto para
la religión de los ciudadanos de Pompeya, quienes enriquecían
también sus casas de altares llamados lararios. Pero este grande
espacio rectangular de 38x142 metros era también el lugar destinado
al comercio.
En el macellum, mercado cubierto construido en la Edad Imperial, han sido
descubiertos avellanos de fruta, cereales y espinas del pescado, porque
aquí se vendían los productos de la tierra, así como
la carne y las hortalizas. En efecto, la agricultura prosperaba, sobretodo
gracias a los terrenos fértiles: los huertos (horti) de Pompeya eran
famosos por las hortalizas, las vides, los olivos, la miel y la espelta,
una variedad de grano duro que permitía dos cosechas por año. El edificio de Eumachia, sacerdotisa de Venus, sede del gremio de los
fullones (lavanderos, tintoreros y fabricantes de tejidos) se utilizaba
para vender en pública subasta la lana, vestidos y otros artículos
de este tipo.
La orientación comercial de la economía de Pompeya se acentuó
después del terremoto del 62 d.C. A lo largo de la calle de la Abundancia,
uno de los decumanos que cruzaba la ciudad de este a oeste, se sucedían
los thermopolia, como el de Asellina, para la escancia de bebidas calientes
y frías; las cauponae, hosterías y fondas; las tintorerías
o fulloniche, como la de Stefano, donde el impluvium, para recoger las aguas,
había sido transformado en una pila para lavar las ropas que luego
se apretaban con los pies por los obreros y se blanqueaban con la orina.
Incluso una villa imponente como la de Giulia Felice estaba destinada parcialmente
a hosterías y tiendas.
Junto
a las panaderías, donde las muelas de piedra cónicas para producir harina
y pan eran accionadas por mulos o esclavos, y junto a las tiendas de garum,
exquisita salsa de pescado desecado preparada con atún, murena y caballa,
por toda la ciudad, se encontraban los talleres de los artesanos del hierro,
de la cerámica y de los orfebres. Según sus posibilidades, cada habitante
de Pompeya intentaba emplear un poco de su tiempo para otium. En los lugares
más frecuentados de la ciudad surgían las termas: las del Foro, las Centrales
y las de Estabias, muy importantes en la vida cotidiana de la ciudad. Estos
edificios, divididos en secciones masculinas y femeninas, comprendían el
calidarium (baño caliente), el tepidarium (baño templado) y el frigidarium
(baño frío) y, en salas a veces llenas de estucos, se hacían masajes y tratamientos
estéticos. El cuidado del cuerpo se completaba en los gimnasios, donde se
practicaban las actividades deportivas como por ejemplo, en el grandioso
edificio de la época imperial de la Grande Palestra: gruesos moldes de raíces
son las pruebas de la existencia de plataneros que daban sombra a todo el
lugar. Los espectáculos teatrales eran una cita irrenunciable. En el Teatro
grande (200-150 a.C.) con un aforo de 5000 espectadores y del cual se conservan
algunas gradas de la cávea y la escena con nichos y tabernáculos, se representaban
espectáculos clásicos, comedias o tragedias.
Por
el contrario, en el Teatro pequeño, cubierto, construido después el 80 a.C.,
cuyas gradas están integralmente conservadas y que tenía una cabida de 1000
espectadores, se representaban audiciones musicales y los espectáculos de
mimo. En el grandioso anfiteatro de forma elíptica, también del 80 a.C.,
con capacidad para 1200 espectadores, se representaban con mucho éxito los
juegos entre los gladiadores. Pero es en las casas privadas dónde los habitantes
de Pompeya concentraron su gusto por la arquitectura, los jardines y los
frescos. Desde los modelos más simples de la época itálica (siglos IV y
III a.C.) con el atrio, el techo con el compluvium para recoger las aguas
en el impluvium, la pila subyacente, las cubicula o cuartos de dormir y
el tablinum, cuarto de estar para toda la familia situado al fondo del atrio
y detrás del hortus, se pasa en el curso de los años a edificios más complejos
en los cuales aumenta el número de atrios, peristilos y jardines, y se introducen
las decoraciones pictóricas con colores cálidos y vivos, como el famoso
rojo de Pompeya, con motivos mitológicos, heroicos, religiosos, eróticos
o fantásticos. Excelentes ejemplos están representados por los frescos de
la Casa de los Vettii, entre los cuales sobresalen los Amorcillos, que documentan
las varias actividades artesanales; desde la magnífica "Venus en concha"
de la Casa de Venus hasta el oscuro ciclo de los frescos de la Villa de
los Misterios, consagrado al culto de Dionisio (de 3x17 metros) que es una
de las más grandiosas representaciones pictóricas de la antigüedad. Y que
decir del arte de la escultura en bronce, que tiene su máximo exponente
en el Fauno danzante de la homónima casa, del amor por la vajilla de porcelana
y la plata, confirmado por el descubrimiento de 115 adornos de plata en
la Casa de Menandro. En los jardines donde los habitantes de Pompeya adoraban
comer sobre triclínos en verano, abundaban las fuentes, como las de mosaicos
policromados de la Casa de la fuente grande y pequeña, gracias también a
la posibilidad de utilizar el agua corriente por medio de las tuberías de
plomo que conducían agua a toda la ciudad y que causaron muchas intoxicaciones
a los habitantes de Pompeya.
Los mosaicos completaban admirablemente las decoraciones de las casas: desde
los más sencillos con barro prensado, las piezas en blanco y negro con motivos
geométricos como el Cave canem de la Casa del poeta trágico, a las verdaderas
obras de arte con la más amplia escala de colores, como la Batalla de Isso
descubierta en la Casa del Fauno, hoy en el Museo Nacional de Nápoles, que
reproduce a Alejandro Magno contra Darío.
UNA MIRADA A LA HISTORIA
Un
fresco descubierto en el año 1879 en Pompeya, en la Casa del Centenario,
y hoy conservado en el Museo Nacional de Nápoles, representa Baco
con un enorme racimo de uva negra al pie de un monte apartado que se considera
el Vesubio. Antes de aquel día funesto en el 79 d.C., el Volcán
no parecía constituir un peligro para los habitantes de Pompeya.
Sus faldas estaban circundadas de viñedos, la cumbre estaba cubierta
de bosques llenos de caza. A menudo, de hecho sobre las ánforas vinícolas
de Pompeya se leía "Vesuvinum" y en ocasiones, en las cocinas
estaban pintadas cabezas de jabalí.
La ciudad, fundada por los Oscos, se asentaba sobre un contrafuerte, creado
por una capa de lava de origen prehistórico, surcado por el río
Sarno que los habitantes del valle consideraban como una cómoda salida
al mar.
Si bien ciertos hallazgos de cerámicas y armas de piedra hacen remontar
los primeros asentamientos humanos a la Edad de bronce y de hierro (siglo
VIII a.C.), una barrera mural con bloques de lava y pequeños núcleos
de viviendas datadas entre los siglos VII y VI a.C., representan la primera
prueba cierta de la fundación de la ciudad.
Este
territorio sufrió una doble hegemonía: al comienzo por parte
de los Griegos que dominaban el Golfo de Nápoles, luego por los Etruscos,
señores del territorio interior de la Campania y por último
otra vez por los Griegos
(474-425), después de la derrota de los Etruscos en Cuma. Hacia el
término del siglo V a.C. la ciudad fue conquistada por los Samnitas,
descendidos de los montes de la Hirpinia y del Samnio. Pompeya quedò
bajo su influencia durante más de tres siglos, hasta el comienzo
de la conquista romana de la Campania (fin del siglo III a.C.) y la ciudad
fue sometida, aunque conservando sus instituciones y su lengua.
En el 89 a.C. Lucio Silla asedió Pompeya y ocupó la ciudad
militarmente. Después de nueve años, en el 80 a.C., Pompeya
llegó a ser colonia romana, asimilando la lengua, las costumbres
y la arquitectura romana. En el 62 d.C., junto con otras ciudades de la
Campania, Pompeya fue gravemente dañada por un terremoto muy violento,
pero las obras de reconstrucción se iniciaron rápidamente.
Pompeya era una ciudad en expansión con aproximadamente 20.000 habitantes, cuando el 24 agosto del 79 d.C. el Vesubio se despertó y destruyó la ciudad junto con las cercanas Herculano y Estabias.
En una carta famosa que Plinio el Joven escribió a Tácito, está contenida la descripción de la erupción y de la trágica muerte de su tío, que le brindaba hospitalidad: Plinio el Viejo, naturalista y comandante de la flota de Miseno.
Una capa de aproximadamente seis, siete metros de cenizas y lapilli sumergió la ciudad y la mayoría de sus habitantes murió intentando escapar por la vía que conducía a Estabias y Nocera o por sofocación en los subterráneos de sus viviendas. Varios moldes sacados por Giuseppe Fiorelli, director de las excavaciones en el 1840, vertiendo yeso líquido en los vacíos dejados por los cadáveres en el banco de cenizas que les había enterrado, constituyen la prueba perenne de la tragedia.
Pompeya fue olvidada hasta que entre el 1594 y el 1600 se perforó
la colina de "Civita" para construir un canal que llevara las
aguas del Sarno a Torre Annunziata y se descubrieron las ruinas de edificios
e inscripciones. Pero fue sólo en el 1748, bajo el reino de Carlos
de Borbón, cuando empezaron las primeras exploraciones. Sin embargo,
a partir del año 1800 las excavaciones progresaron rápidamente,
sacando del olvido, entre el 1806 y el 1832, la mayoría de los edificios
públicos del Foro y algunas de las más importantes casas privadas
como la de Pansa, la del Poeta trágico, y la de Fauno. Con el Reino
de Italia, en el 1860, la dirección de las excavaciones fue otorgada
a Giuseppe Fiorelli, que progresó de manera sistemática con
intervenciones simultáneas de restauración y protección
de hallazgos. Después de la interrupción debida a la Primera
Guerra Mundial, las
excavaciones fueron recuperadas a gran escala en 1924 con el arqueólogo
Amedeo Maiuri, que se dedicó a ellas con pasión durante casi
cuarenta años, hasta su muerte.
Tres quintos de la superficie de la ciudad que se extiende sobre 66 hectáreas
con un perímetro de muros de 3220 metros, ha sido
sacada del olvido, ofreciendo una visión emocionante no sólo
de los edificios, sino también de las decoraciones originales y del
ajuar de las viviendas. Sobre la base del plan de vialidad, los arqueólogos
han subdividido toda la parte poblada en 9 regiones y cada región
en "insulae", dando un número de orden rogresivo a las
habitaciones de ingreso en cada manzana.